Si voy a ver Un dios salvaje y cuando me toca hacer una crítica como ésta la pongo a caer de un burro porque me parece teatro filmado, más de uno dirá: “éste es gilipollas”. Y hombre, quizá haya algo de eso, no digo que no, pero yo sigo en mis trece y digo que no del todo. Que Carnage es teatro filmado es parte del contrato que uno firma al comprar la entrada, y no precisamente en letra pequeña, y quiero dejar bien claro que hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero partiendo de esa base, lo que Polanski hace con el texto de Yasmina Reza a mí como espectador me chirría por todas partes, incluso admitiendo que la fidelidad absoluta era el camino a seguir por el que ha optado su muy inteligente director. Si me concedéis un par de párrafos, me explico.
Antes de nada, un rapidísimo resumen para despistados: Un dios salvaje es, efectivamente, la muy fidedigna adaptación de la obra homónima (al menos en castellano) de la dramaturga francesa, cuyo montaje en España dirigió Tamzin Townsend y protagonizaron Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Antonio Molero y Pere Ponce. La situación es sencilla y, a priori, de lo más atractiva: dos niños se cascan en el parque y sobre todo uno de ellos sale especialmente mal parado de la pelea. Los padres de ambos se reúnen en la casa de la víctima para resolver el conflicto como personas civilizadas, aclarar lo que se tenga que aclarar y pagar los dientes nuevos que se tengan que pagar. Todo muy perfecto y muy moderno, si no fuera porque la conversación entre las dos parejas se va enredando cada vez más y más, hasta que la cosa acaba poniéndose muy fea. Tenemos por tanto cuatro personajes, reparto de campanillas (Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly) y un único escenario. Hagan sus apuestas.
Cuando pienso en teatro filmado, pienso en obras maestras como La soga (Alfred Hitchcock, 1948) o Doce hombres sin piedad (Sydney Lumet, 1957), películas redondas que sin renunciar a sus obvios orígenes construyen con esos materiales un auténtico producto cinematográfico, no se limitan a traspasar sin más un mensaje de un medio a otro. Incluso reconozco que la temible Closer (Mike Nichols, 2004), que me resulta tan sumamente irritante por otros motivos, logra adaptar con una notable gracia. Aquí Polanski se autoimpone un papel no ya mínimo, sino inexistente, lo deja todo en manos de sus actores y se limita a coger una caja del teatro y ponerla tal cual en un cine, como quien coloca un Miró en el cuarto de baño. Medios diferentes implican códigos diferentes y lo que funciona en uno no tiene por qué funcionar en otro. Lo vemos constantemente en las adaptaciones de comics: por eso (al margen de la abismal diferencia de talento) funcionan tan bien los Batman de Burton y Nolan y son tan desastrosos los de Joel Schumacher. Quien se empeña en coger códigos, formas y tradiciones propias de un medio e implantarlas tal cual en otro suele fracasar: porque no funciona así, porque cada forma de arte tiene sus convenciones y porque si uno quiere dirigir teatro lo mejor que puede hacer es… dirigir teatro. Un dios salvaje coge muchos elementos del teatro y nos los coloca en una pantalla de cine: personajes que se callan cuando uno habla por teléfono, salidas y entradas artificiales en escena, actores que declaman y acaban por sobreactuar sin piedad (aunque bueno, Jodie Foster parece que venía sobreactuada de casa ya)… Escojan el suyo.
En vista de los comentarios mayoritariamente positivos, supongo que es algo personal, que la mayoría de la gente sabe abstraerse de estos detalles o simplemente no les importan. Tampoco creo que esta película sea un desastre en absoluto: con sus excesos de divos, los cuatro actores se entregan al cien por cien, hay líneas de diálogo realmente brillantes, su rollo El ángel exterminador tiene su punto, su propia concepción como incómodo espejo burgués resulta estimulante y el final está planteado de manera bastante inteligente. Pero durante estos breves 79 minutos no puedo quitarme de la cabeza sus tics. No me creo que alguien se emborrache a los tres segundos de haber bebido un trago de whisky o que un personaje cambie de aliados 17 veces por minuto en una discusión. No me lo creo porque el cine por lo general no funciona así, no tiene esa estructura, ni esa narrativa, ni ese timing. Si consigues olvidarte de todo esto, seguro que disfrutarás de Un dios salvaje. Si no, pese a todo lo bueno que tiene, no dejará de ponerte un poco nervioso todo el rato.
[Puntuación ReySombra: 6,00]
La ficha de ReySombra
Lo mejor: Esos momentos en los que consigues reírte y enfadarte con cualquiera de los cuatro. O con dos. O con todos.
Lo peor: Jodie, esto es cine, no hace falta que grites ni gesticules de esa manera: el señor de la última fila se va a enterar igual.
Recomendada para: Quienes quieran matar dos pájaros de un tiro..
El dato: Polanski empezó a escribir el guión cuando estuvo encarcelado en 2009.
Para saber más:
- Kate Winslet, durante la presentación de la película en el pasado Festival de Venecia.
- El trailer:
25 noviembre, 2011at 10:42(#)
Yo he sido menos dura
: http://www.disquecool.com/2011/11/25/un-dios-salvaxe-hipocrita-e-pouco-civilizado/
25 noviembre, 2011at 11:00(#)
No la he visto. Y la obra de teatro no la he leído ni visto representada. Pero vi el trailer, y para lo que quiero decir es suficiente. Esto no es teatro filmado: existe montaje y movimiento de cámara, (Melies sí es teatro filmado. La Soga o Doce Hombres Sin piedad tampoco lo son por las mismas razones). Y un director de cine, antes pero con exclusividad durante el rodaje, debe dedicarse a los actores. Si fuera una opera prima, y a sabiendas de la calidad del reparto, quizás podríamos hablar de cierto libre albedrío actoral tipo Cassavetes o Godard, pero me temo que no es el caso. Habrá que verla, bien es cierto.
Gracias por encender la chíspita que me lleve a verla en cuanto pueda.
25 noviembre, 2011at 11:33(#)
Ángela, no seamos tan estrictos, que así ni los “Estudio 1″ entran en la etiqueta. “Un dios salvaje” no es un plano-secuencia rodado del tirón (Hitchcock quería hacerlo, pero era técnicamente imposible en aquella época y por eso tuvo que meter esos dos cortes chapuceros), pero es teatro filmado de facto porque el montaje es casi únicamente un plano-contraplano y el movimiento de cámara está reducido a la mínima expresión y forzado únicamente por las circunstancias. El director renuncia al 99% de sus funciones y ninguno de esos dos elementos aporta valor añadido desde el punto de vista cinematográfico. En dos palabras: yo sí creo que Polanski ha hecho de director de teatro, no de director de cine, y eso la convierte en teatro filmado.
Pero sí, vete a verla y luego hablamos.
14 enero, 2012at 17:23(#)
Totalmente de acuerdo.