Qué importante es en esta vida no ya saber manejar las expectativas, sino directamente saber dónde te metes. Quizá en alguna ocasión amortigüe el efectivo positivo de una agradable sorpresa, pero en la mayoría de los casos lo que hará será prepararte para un chasco de cuidado. Tenía ya sobradas referencias de cómo se las gasta el señor Zimmerman en directo y probablemente había sido eso lo que hacía que fuera dejando pasar sucesivamente varias oportunidades de verlo. Pero el pasado jueves se me acabaron las excusas: toca, como quien dice, al lado de casa, se pasa por Barcelona por primera vez en seis años, el precio no era excesivo teniendo en cuenta lo que se ve por ahí últimamente y… qué coño, es que se supone que soy fan. Había que ir, que ya se sabe que cualquier día éstos se nos van al otro barrio y perdemos la oportunidad.
Total, que allí me planto, aguanto estoicamente una larguísima cola al parecer producida por los exhaustivos controles de la entrada (el caballero no permite tomar fotos de sus conciertos) y veo empezar el concierto, obviamente sin un saludo ni nada que se le parezca. Suena “Rainy Day Women nº 12 & 35″. Reconocible, bien interpretada y razonablemente enérgica teniendo en cuenta que el del escenario no es precisamente Tim Harrington. Ante tan prometedor comienzo, me pregunto si no exagerarán las malas lenguas, si no disfrutaré como un enano después de todo. Mi pregunta tendrá una rápida respuesta. Llega el primer guiño al Dylan setentero con “Señor (Tales of Yankee Power)” y la sensación general es de un ligero
bajón. Pero, pese a todo, correcto. El mosqueo empieza con una “Just Like A Woman”, descafeinadísima pero que aún es susceptible de ser coreada por el público. Será la última vez. A partir de ahí, el concierto transcurrió con un repertorio cuando menos discutible (por cierto, con sólo una breve parada en su último álbum, el discreto Together Through Life) y con una reinvención de las indiscutibles cuya función no acabo de entender muy bien. Parece (sólo parece) ser que cayeron por ahí, camufladas entre el sopor y la indiferencia general, “Tangled Up in Blue”, “Ballad of a Thin Man”, “Highway 61 Revisited” o, para cerrar, “Blowin’ in the Wind”. Y digo parece porque uno sólo podía reconocer esas joyas si se fijaba mucho y prestaba especial atención a las letras, si de verdad ponía de su parte e intentaba ver en esos lánguidos canturreos algo parecido a las canciones que le han emocionado a lo largo de su humilde educación musical. El único problema es que quizá el público vaya a un concierto a disfrutar y no a jugar a las adivinanzas y al segundo o tercer alarde acabe hasta las narices.
Probablemente esté sacando las cosas de quicio, pero tener delante a 5.000 personas que te están pidiendo a gritos “Like a Rolling Stone”, que gritan como locos cuando tocas sus primeros acordes y están deseando cantarla, tener delante (digo) a esa gente a la que se supone que te debes y entregarles una versión críptica, desganada, con los ritmos cambiados e imposible de corear, tiene para mí algo de falta de respeto. Ya digo, probablemente lo mío sea mear fuera de tiesto y lo que vimos en el Poble Espanyol fue sencillamente la actuación de un artista fundamental en la historia del siglo XX, que lleva 50 años en activo y que seguro que necesitará reinventar su repertorio periódicamente para no acabar aborreciéndolo. En resumen: aquello de “el gato es mío y me lo follo cuando quiero”. Pero creo que lo que este hombre ofrece, por muy grande que sea su leyenda, no está a la altura ni como evento musical ni como evento a secas. Me dicen los que saben más que yo del tema que esto no es nada, que las versiones fueron mínimamente reconocibles, que cogió la guitarrica muchas veces, que se movió por el escenario y hasta medio sonrió en alguna ocasión. Que para lo que es él, estuvo hasta simpático. Pues vale. Personalmente, yo cubrí mi expediente, taché su nombre de mi lista y me fui a casa lo más rápidamente posible. Al menos yo sabía a lo que me exponía: escuchando a la salida comentarios de gente que se iba a casa puteada comprobé que no todos venían con la armadura puesta.
[Foto (de archivo, claro): Público]
26 junio, 2010at 17:04(#)
Y dale, y dale, siempre lo mismo, que si versiones irreconocibles, con los ritmos cambiados, imposibles de corear (!!!)…, pues menos mal!!!, que yo a un concierto voy a escuchar al artista no a los mindundis que tengo al lado metiéndome los putos móviles y las cámaras de afotos delante de las narices, cuánta imbecilidad suelta!!! Vete a ver al Bisbal, que os dejará cantar con él y os mandará saluditos y besitos. Dylan SIEMPRE ha cambiado sus canciones, toda la vida, ¿es que no tienes el “At Budokan”, por ejemplo? Supongo que no, porque, en otro caso, esos comentarios no se entienden para nada. ¿Repertorio discutible cuando ha interpretado “High Water”, “Love Sick”, “Cold Irons Bound” y la mejor “Ballad Of A Thin Man” que jamás ha sonado por estos lares? Bueno, claro que si no se conocen estos temas, se puede discutir absolutamente todo lo que concierne a un concierto de Dylan.
27 junio, 2010at 19:12(#)
A ver, estemos tranquilos y seamos respetuosos. A uno puede no haberle gustado un concierto, y no hace falta mandarlo a ver a Bisbal… yo vi a Dylan en Vigo hace un año y pico, me considero fan (hasta friki)… y el concierto no me gustó, por lo que veo, se debió parecer al de Barna…
Yo vi a un Dylan que sólo estuvo a los teclados, que ni se dirigió al público para un mísero Thank you (ya no digo más, que si se pusiese a charlar, maldita la gracia que me hubiese hecho) y me fui pensando en que había que perdonarlo, que quizás a día de hoy siga siendo lo mismo que siempre ha sido, un adelantado a su tiempo, y que yo no había entendido lo que allí había sucedido.
Mi impresión no era única, aunque, cierto es, también hubo gente encantadísima. Yo, cuando menos, podré decir, al igual que Poliptoton, que no he muerto sin verlo en directo
27 junio, 2010at 20:28(#)
Eso, veamos. Para nada he faltado al respeto a Poliptoton; si te fijas, me cebo con esas personas que van a los conciertos a sacar fotos y te incrustan los aparatejos justo en la línea de visión (“oh, sí, yo estuve ahí ese día, mira qué fotos y bla bla bla”, aunque no tengan pajolera idea de a quién han ido a ver). Otras gentes indeseables que pululan por esos recintos son las que no paran de hablar durante todo el recital. Para estos dos tipos de espectadores van mis peores deseos y ninguna conmiseración. Tampoco creo que enviar a alguien a ver a Bisbal sea una falta de respeto, pero puedo cambiar al artista, si lo prefieres; pongamos a Springsteen, que es otro de mis favoritos. Si queréis ser saludados y corear las canciones, pues nada, hay que ir a un concierto del Boss. Pero si pretendéis esperar que eso pase en uno de Dylan, si uno va a juzgarle por su mayor o menor simpatía (imagino que a Van Morrison ya ni de lejos, ¿no?) o por la facilidad karaokera de su bolo, es que mal se conoce a este artista y su trayectoria.
Otro punto es el del repertorio. Dylan es prácticamente el único que cambia noche tras noche un 70% de las canciones que interpreta, ¿no es eso un gesto de respeto a su público? ¿O preferís a los Stones o al Clapton que no cambian apenas sus setlists a lo largo de toda una gira?
Ahora paso a la crítica estrictamente musical, que es la que creo que debe merecer un concierto de música: Dylan es nefasto haciendo solos con la guitarra eléctrica, pero tiene tanto morro que incluso su guitarra es la que está a un mayor volumen, cuando el que sabe de verdad es Charlie Sexton; tampoco se oye apenas a Donnie Herron. Dylan también es muy básico (a veces bordea el ridículo) a los teclados. Los únicos instrumentos que controla de veras son la guitarra acústica y la armónica (aunque con ésta tampoco anduvo fino el otro día, incluso en algún tema se equivocó con el tono). Contra viento y marea defenderé que Dylan ha sido uno de los más grandes cantantes que ha tenido el rock (prestad atención, por ejemplo, a sus interpretaciones vocales en la llamada “era cristiana”, 1979-1981, eso era duende, amigos), pero hoy en día no llega ni a sombra de la sombra de lo que fue. A pesar de esto, cuando canta temas como “Girl Of The North Country”, “High Water” o “Ballad Of A Thin Man”, en plan crooner, con el micro en una mano y la armónica en la otra, la cosa resulta plenamente disfrutable. Bob, déjate de teclados y de guitarra eléctrica, trabájate esas interpretaciones en plan predicador infernal y guárdate algo de aliento para volver a estremecer con la armónica. Y todo lo otro se lo dejas a tus músicos, que son muy buenos.
Bueno, perdón por el tocho y por el tono si alguien se ha molestado, pero es que ya son 26 años (desde su concierto en el Miniestadi de Barcelona) leyendo siempre los mismos 3 o 4 tópicos indesmayables, y es algo muuuuuuuuy cansino. Salud!!!
27 junio, 2010at 22:01(#)
@thezimmerman Está claro que Bob Dylan es un tío que exige a su público. Si quieres disfrutar de un concierto suyo, tienes que llevarte los deberes hechos: conocer a fondo su discografía, no vale con cualquier malogrado recopilatorio. Pero aún así, el espectador medio, aunque no merezca exigir los temas que toque en directo, es merecedor, como dice @Dr.Chou, de un saludo, o cualquier gesto que se aleje de lo huraño de personajes como Bob o, como también dices, Van Morrison.
Y, ya que lo mencionas, creo que Bruce Springsteen, a pesar de su inclinación populista en los canciones, sabe cómo dar 3 horas de rock. Y lo considero totalmente válido, incluso todavía más disfrutable para ver en directo. Es más, tengo la sensación de que hay más gente que va a ver a Dylan para tacharlo de su lista que Springsteen, que es un tío que se va a ver (en principio) por el espectáculo que acostumbra a repartir.
Yo, particularmente, aún sin ser un gran dylanita, necesito un mínimo de empatía con el tipo que está encima del escenario, y por tanto, no quiero ver en directo a Bob Dylan. Los mitos, que lo sigan siendo.
28 junio, 2010at 6:03(#)
@thezimmerman: Planteas muchas cosas y probablemente estaríamos discutiendo todo el día. Respecto a lo del respeto al público, entiendo lo que dices, pero yo personalmente cambiaría otra actitud sobre el escenario por las variaciones en los setlists. Porque ¿cuánta gente va a seguir a un artista en gira y cuánta la va a disfrutar a un concierto? Yo habría firmado ver a otro Dylan y que hubiera tocado exactamente lo mismo que el día anterior en Marsella. Sospecho, además, que esto tiene más que ver con no aburrirse él que con respeto a su público. Y bueno, si no me interesa la propuesta de Dylan en directo, seguirá sin interesarme por mucho que lleve treinta y tantos años haciendo lo mismo: de hecho, creo haber dejado claro en la crónica que sabía perfectamente dónde me metía. Aunque, eso sí, por un setlist como el de “At Budokan” habría vendido a la mitad de mi familia…
Respecto al Dylan cantante, es obvio que no es un gran cantante en el sentido canónico, ni puñetera falta que le hace. Yo también lo vi suelto en su faceta crooner maldito y comparto lo que dices de sus “dotes” de teclista: pensé lo mismo en un par de momentos un poco “verbeneros” del bolo.
En fin, que de buen rollo, pero se agradecen más los “tochos” que los comentarios en plan “si no te gusta, vete a Rusia”, máxime cuando compartimos plenamente el rechazo a los cotorras y a los fotógrafos amateurs compulsivos.
Gracias por pasarte por nuestra página.
28 junio, 2010at 20:41(#)
vaia, pois xa temos unha fronte común para erradicar aos parlanchíns dos concertos, apuntádeme ao voso magno plan
20 septiembre, 2010at 10:37(#)
[...] E’s Beautiful Blues”) reinventados para el directo, pero forma totalmente opuesta a como lo hacen otros: acelerados, hipervitaminados y, en más de una ocasión, en clave [...]