logo

20 comics que marcaron mi vida (V): The Authority

17 junio, 2010  |  Escrito por  |  Publicado en LIBROS & CÓMICS  |  5 Comentarios  |   | 

5.- The Authority (volumen 1)

Un buen día, Warren Ellis (uno de los genios del género sacados) decidió dejar claro que el comic de superhéroes no era cosa de niños (como ya había dicho el gran Alan Moore). Pero, en vez de coger superhéroes clásicos, se fue a una pequeña subdivisión de DC llamada Wildstorm,  con universo y personajes propios, y que en los 90 creó Jim Lee tras la desbandada que hubo en Marvel, comandada por Todd McFarlane (el supuesto “niño prodigio”). A partir de aquí, Ellis dio carpetazo al concepto de superhéroe, y abrió una nueva carpeta, esta con menos color y más “sucia”…

The Authority se plantea como un spin off de la serie Stormwatch, situándola unos años después de la disolución del grupo con ese mismo nombre. La mayoría de los miembros originales fueron asesinados, y los que quedaron fundaron un nuevo equipo, con algunas incorporaciones. Liderados por Jenny Sparks, el espíritu del siglo XX, el grupo se componía de: Apollo, el dios del sol (un Superman de melena plateada); Midnighter, un Batman con el factor de Lobezno, y pareja de Apollo (¿indirecta de Ellis a DC…?); Engineer, una Iron Man “a lo bestia” (incluso cambió su sangere por aceite); la alada Swift; el Doctor, el último de un milenario linaje de “chamanes” (donde se incluyen desde Jesucristo a Einstein), y Jack Hawksmoor, el dios de las ciudades, capaz de integrarse en sus estructuras e incluso hablar con ellos (sin duda, uno de los poderes más originales que he visto). Y su base de operaciones no es una mansión a las afueras de Nueva York con un mayordomo que les haga la comida. Nada de eso: residirán en una nave kilométrica llamada “El tranporte”, que viaja en el tejido entre dimensiones y que está viva. El comic de superhéroes y la ciencia ficción nunca se llevaron tan bien.

La novedad de The Authority se basa en tres pilares: su visión del concepto “héroe”, sus enemigos y, sobre todo, las consecuencias de estas dos cosas. Y es que un grupo así no podía estar limitado a una ciudad como Nueva York o a un país como EE.UU. El grupo actuará ante cualquier circunstancia que suponga un peligro para la humanidad, esté en suelo americano o en otra dimensión. Y aquí es donde entra la parte de sus enemigos: aunque empiezan con el típico genio loco (al más puro estilo Fu Man Chu) y su ejército de infantería voladora-kamikaze, esto sólo era una toma de contacto para presentar personajes y habilidades. Es en el siguiente arco argumental cuando el guionista decide “soltarse la melena” (que sí la tiene) y centrarse en una historia sci-fi donde la Tierra es invandida por una realidad paralela donde los humanos contactaron con extraterrestres en el siglo XVI. Y si ya esto es una buena idea (no sólo por la idea en sí sino, especialmente, por cómo está contada), el último arco de este primer volumen lo remata con el mayor enemigo que se puede plantear, rememorando la conversación entre Stan Lee y Jack Kirby que, según se cuenta en el mundillo, fue la responsable de la creación de Galactus: luchar contra Dios. Soy demasiado respetuoso y enemigo de los spoliers, así que… ¡ahí lo dejo!

Pero no me olvido del último punto, el de las consecuencias. Aunque se desarrolla más en el volumen 2 (ambos publicados por Norma hace unos años), las primeras pinceladas ya se ven en el primer tomo, y son de lo más lógicas: si ayudas a escala planetaria, ¡también cabreas a gente a escala planetaria! Porque no todo el mundo está de acuerdo en que exista un equipo tan poderoso que no responde ante nigún gobierno u organismo internacional (se nota que Ellis es británico y no americano, ¿verdad?), así que estos responderán buscando una forma de acabar con ellos… pero, como ya digo, eso es tema del volumen 2.

Sin duda, lo genial de este comic (ya me están entrando ganas de volver a leerlo…) es cómo está escrito. El guión no se anda por las ramas: diálogos claros, contundentes, intentando acercarse a un lenguaje “de la calle” que muy probablemente es el mismo que usa el lector (no nos engañemos, aunque los actos de estos personajes sean excecepcionales, no dejan de ser personas que viven en nuestros días), así que no os extrañe leer frases como “le habéis tocado los cojones al cabrón equivocado”. Una cosa está clara, y es que, como si del gran Quentin se tratase, ¡no deja lugar a malentendidos! Eso sí, esto no supone un problema para plantear ideas científicas sobre física cuántica o viajes interplanetarios. ¡Una cosa no está reñida con la otra!

Y sobre el dibujo… sin palabras. Supongo que si leisteis cualquiera de mis entradas anteriores veréis que soy del tipo de lector que se centra más en la historia que en la parte gráfica. Pero es que en este caso, no hablar de ella sería, simplemente, un delito penado con prisión. Bryan Hicth, el artífice de esto, es un artista. Con mayúsculas. De esos que te hacen entender por qué son tan preciados los bocetos originales y se exponen en ferias y salones del comic del mundo. De esos por los que una editorial prefiere esperar a que termine de dibujar un número a contratar a otro dibujante para ese mes, porque todo el mundo sabe que “no sería lo mismo”. Su estilo realista, con planos claros y rostros expresivos, son lo más parecido a la realidad que podrías encontrar sin  ser una fotografía (exceptuando el “estilo fotográfico” de Alex Ross, pero es que ese hombre es único en su especie). Y las páginas de batallas (he dicho bien, páginas) no las pasas rápido “porque no hay diálogos”, sino que las miras detenidamente para ver qué detalles encuentras. Bueno, o simplemente ves cómo de realistas son las recreaciones de violencia explícita que dibuja, con desmembramientos que ni en los libros de Anatomía Humana son tan específicos. Pero es que no hacerlo así rompería la coherencia del guión, aunque no por ello cae en la violencia sin sentido de los comics de los 90 (ya lo dicen en nuestra querida tierra gallega, ¡las cosas “con sentidiño”!).

Desgraciadamente, este equipo creativo sólo escribió un volumen. El segundo se lo reparten varios autores, entre los que destacan Mark Millar en el guión y Frank Quitely en el dibujo. Sin embargo, y a pesar de lo bueno de la historia (mejor no me meto aquí en el dibujo, que las comparaciones son odiosas, y con gente como Hytch aún más), el comic no te deja la misma sensación. Pero es lo que tienen las grandes obras, ¿no? Que se acaban y tienes que releerlas para disfrutarlas.

Y nunca te importa.

Related Posts with Thumbnails

Comentarios

  1. Nats dijo:

    26 junio, 2010at 20:48(#)

    Aunque aquí hagas una excepción, eso de ir reconociendo abiertamente que te sueles fijar menos en la parte gráfica… deberías hacértelo mirar.

  2. Doctor Freak dijo:

    26 junio, 2010at 21:26(#)

    No veo por qué, yo no digo que la parte gráfica no sea importante (no tendría mucho sentido, ¿no?), lo que digo es que lo que a mí me hace decantarme por un comic es la historia, lo que cuenta y cómo lo hace (donde evidentemente es fundamental el dibujo). Pero bueno, tengo amigos que en lo que se fijan más es en el dibujo y no en la historia, ¡y seguimos siendo amigos!

  3. Nats dijo:

    27 junio, 2010at 10:08(#)

    Ya, Doctor, ya. Era una broma.

  4. Doctor Freak dijo:

    27 junio, 2010at 19:48(#)

    Sorry, son los exámenes, ¡que me tienen perturbado! Pero no pasa nada , el miércoles volveré a ser una persona normal. Bueno, mejor dicho… volveré a ser como el resto del año, ;)

  5. 20 comics que marcaron mi vida (X): Planetary | Rey Sombra dijo:

    11 enero, 2011at 13:31(#)

    [...] pretensión apareció Planetary en el mercado, ya que en principio era una especie de spin off de The Authority (y que, curiosos, a la vez era un spin off de Stormwatch). Pero al final la historia se volvió [...]

Deja un comentario

Actividad reciente en Facebook

Actividad reciente en Twitter

Buscador