4.- Batman: Año Uno (1987)
Cuando llevas unos cuantos años leyendo comics te das cuenta que hay algo que no cuadra. Como un sentimiento de desajuste temporal o algo así (y no, no estaba leyendo ningún comic en mi flasforward). Y es que, mientras algunos personajes fueron desarrollados en todo su esplendor nada más aparecer o al poco de hacerlo (Superman, Spider-man, Los 4 Fantásticos…), otros tardaron mucho más en encontrar a los guionistas que les dieran en el enfoque adecuado. Un enfoque que, por otra parte, sería imposible aplicar en el momento de su creación porque el mundo no estaba en el momento sociocultural adecuado para que germinasen esas ideas. Algunos ejemplos son el Hulk de Peter David o el Daredevil de los años 80.
El otro caso es Batman.
Cuando a Frank Miller se le ocurrió escribir Batman: Año Uno (publicado ahora por Planeta de Agostini) el hombre murciélago ya tenía 48 años de vida, y había pasado por dos grandes momentos: unos inicios cuya base era el ambiente de gángsteres del Chicago de Capone, y otro, ya en los 60, al que me gusta llamar de “Pam! Pum! Crash! Batman!!!”. Efectivamente, amigos frikis: la época en la que se inspiró la serie de la tele protagonizada por Adam West, con sus capas pegadas al culo y ese inquietante teléfono rojo que, en vez de sonar, parpadeaba dentro de una urna como las del queso…
Miller vio que todo eso estaba totalmente “desenfocado” (como cuando volvéis a casa los jueves por la noche), y que la esencia de Batman no es que se hubiese perdido sino que, más bien, nunca se había plasmado del todo. Algo que, por otra parte, parece un poco complicado. Era necesario llegar a los “Dark 80′s”.
El Universo DC no es como el de Marvel, prima más la épica de las batallas que las preocupaciones humanas de sus héroes. Por decirlo de alguna manera, es como un olimpo de dioses. Y en este panteón Batman es el Hades del grupo. Batman: Año Uno pretende hablar de eso de una manera sencilla, corta y con un claro propósito: crear cimientos. No sólo para Bruce Wayne y su alter ego, sino también para otro personaje clave de la serie, el policía James Gordon. El comic narra la llegada de los dos a Gotham con la idea de acabar con el crimen en una ciudad corrompida hasta la médula. Uno lo hará uniéndose a las fuerzas del orden. Otro buscará una vía diferente… Entre ambos forman un ser humano con dos facetas, cada una de las cuales le falta al otro: la humanidad de Gordon (la tentación de corromperse, sus problemas matrimoniales…) con el idealismo y sacrificio de Wayne. Una moneda con 2 caras (que por cierto, también sale en este comic, al igual que una tal Selina Kyle…) y delante el crimen real, con prostitutas, polis sobornados y una cúpula llena de mafiosos ricos y elegante. Porque no hacen falta supervillanos para que una ciudad necesite un héroe.
Miller despliega aquí su mejor ritmo narrativo (que luego iría perdiendo), con una historia en 4 partes que avanza sin prisas pero sin pausas, teniendo momentos memorables en cada capítulo, especialmente uno: cuando Flass, el compañero de Gordon (unid los nombres de estos dos a ver qué os parece) narra su encuentro con Batman y lo describe como un monstruo, mientras lo que se ve en las viñetas es lo que paso en realidad. Moraleja, la misma que supo captar Christopher Nolan (que cogió más cosas de aquí) para Batman Begins: el miedo y su poder de distorsión. Una joya.
El dibujo corre a cargo de David Mazzuchelli, con un estilo sobrio, algo “sucio” (muy acorde con el tono de la época, como ya dije otras veces) y que se coordina perfectamente con el coloreado de Richmond Lewis para crear la atmósfera de una Gotham en decadencia, lejos de su época de esplendor. Destacar en esta colaboración el final del capítulo 1, con un Bruce Wayne herido sentado al lado de un ventanal, viendo el ocaso.
Pero todo este rollo no sirve de nada en comparación con la frase que introduce el capítulo 1. Una frase que aún a día de hoy, si la leo, me pone la piel de gallina. Una frase a la que sólo se le puede decir una cosa:
“Se convertirá en el mejor luchador contra el crimen que el mundo ha conocido…
No será fácil.”
Amén.


13 mayo, 2010at 23:02(#)
Para mi el mejor comic de Batman de todos los tiempos, el verdadero germen de Batman Begins y Dark Knight… una obra maestra a todos los niveles, más novela negra que cómic de supers…
Mi escena favorita en la que gordon está en la cama, meditando qué diablos le pasa a su vida, que la tiene patas arriba, y mostrando ya su admiracion hacia batman…
14 mayo, 2010at 12:28(#)
Con Marta embarazada y tumbada en la cama, ¿verdad? Sin duda, una escena genial.
Por cierto, que ayer leí que la tercera entrega de la nuva Saga Batman está programada para Julio del 2012, y que será la última…
15 mayo, 2010at 11:15(#)
tremenda,si… pues ojala, y a ver si meten a robin, que es el siguiente paso evolutivo del personaje, eso si, al estilo de lo que nos han contado hasta ahora… bruce wayne necesita una razon para seguir, ahora que lo perdio todo… dark victory seria un gran modelo para robin…
15 mayo, 2010at 21:45(#)
Bufff, yo no creo que sea una buena idea meter a Robin… para mí, a nivel la historia de Batman es una anomalía…
16 mayo, 2010at 0:59(#)
Lo humaniza, con él no es un robot, en el momento que tiene que cuidar de otra persona, Bruce monta una familia, lo que perdió con sus padres… lleva demasiado con el personaje como para obviarlo… las historias de bats sin robin en sus orígenes son mínimas….(creo que 11) Es esencial dentro del mito, Batman no se puede entender sin Robin…es el final lógico para cerrar una trilogía sobre el personaje: encuentra su vocación, pierde al amor de su vida… es lo que le queda…
Además, bien escrito, sin que parezca un niñato, Robin mola mil…
16 mayo, 2010at 17:31(#)
La verdad es que a mí Robin sólo me gusta en el Dark Victory porque es en el único sitio en el uqe le veo algo de sentido al personaje. Aunque, parándonos a pensar en la esencia del personaje, Batman es un cruzado, un hombre solitario (por el trauma que le supuso la muerte de sus padres y que nunca superará, por eso nunca dejará de ser Batman). Empezar a criar a un niño, por mucho qu le recuerde a él, no sé, no me cuadra.