Supongamos por un momento que podemos definir algo extranjero a partir de sus rasgos característicos sin caer en los clichés y en los tópicos. Y mucho menos, sin usarlos de manera despectiva. Aplicando esto al cine europeo, posiblemente nos daríamos cuenta de que las películas francesas, o las inglesas, son tan idiosincrásicas que enseguida las identificaríamos. Y esta película es muy inglesa. Más que la moqueta en los baños, o la gabardina tres cuartos.
Empecemos el inventario: unos aburridos, previsibles, austeros y grises 60s (pre-Beatles). Una estudiante modélica, (Jenny: Carey Mulligan) de 16 años, con chispa, determinada, curiosa, con un toque naïve (ese “Quiero ser francesa”) entre ingenua y marisabidilla. Una madre (Marjorie: Cora Seymour) resignada, y un padre (Jack: Alfred Molina) temeroso, conservadores, y asustados de que esa hija tan inteligente y sofisticada no entre en Oxford por la nota de Latín. Un quinceañero (Graham: Matthew Beard), que comparte clases de música con Jenny, a la que pretende. Un treinteañero (David: Peter Sarsgaard) a medio camino entre un oportunista encantador y un depredador sexual, con unos amigos (Danny: Dominic Cooper y Helen: Rosamund Pike) reflejo de una burguesía en tonos pastel en la que las apariencias esconden negocios en tonos más turbios. Y, dando título al asunto, la educación disciplinada y rigurosa de un colegio con una profesora (Olivia Williams) estricta pero comprensiva y una directora (Emma Thompson) paradigmática e inflexible.
Y a partir de ahí, lo interesante de la película: los antagonismos entre los que oscila la vida de Jenny (inconmensurable interpretación de Carey Mulligan). Lo aburrido de su vida académica, y el entorno más divertido, lujoso y apasionante que le brinda David; lo previsible del colegio, o las clases de chelo o las subastas de arte, los clubes de jazz, los restaurantes o los conciertos “de verdad”; la curiosidad intelectual y Oxford o la aventura personal y la “Universidad de la vida”; el alcanzar una vida mejor mediante el esfuerzo personal o consiguiendo un marido que te mantenga, o, frivolizando, quedarse con el pardillo de turno (Graham) o con el hombre atractivo aunque te doble la edad (David). Y todo esto mientras Jenny, caracterizada aquí como una Lolita consciente tanto de su inteligencia, como de su atractivo coqueto, se convierte de chica a mujer, aunque sintiendo cómo debe tomar decisiones trascendentales lidiando con su vulnerabilidad adolescente y con una relación que le acerca de una manera de golpe a todo aquello que había soñado.
Se supone que el trasfondo de feminismo, de carga ética y moral, y el conflicto entre la educación formal y rígida y la vida carnal en una adolescente deberían llevar el peso en esta película, siendo un tema todavía vigente en un país donde la mitad de las mujeres optan por estudios superiores, y la otra mitad se anquilosa viendo Tele5 mientras espera a dar un braguetazo. Pero todo queda eclipsado por una interpretación protagonista mayúscula (con razón esa nominación al Oscar de Carey Mulligan), con una importancia similar a la de Audrey Tautou en ‘Amélie’. Y eso que el reparto es excelente, con un gentleman (Peter Sarsgaard) como “asaltacunas” y un genial Alfred Molina como padre, incluso una hilarante -pero secundaria- Emma Thompson. Y que la ambientación y la caracterización de los personajes son intachables. Y con un guión (Nick Hornby, el mismo de ‘Alta fidelidad’), que traslada la aburrida escena británica previa a la efervescencia del fenómeno fan y de la revolución sexual y que consigue mantener una sonrisa en tu boca, convirtiendo las memorias de Lynn Barber en una amalgama entre la comedia romántica, el drama y una TVmovie. Sin embargo, tanto el guionista como la directora (Lone Scherfig, de ‘Italiano para principiantes’) empañan su notable actuación con un desenlace que lastra a la película, que impide que el agradable y exquisito ejercicio de estilo no trascienda, que supone tropezar en el escalón que separa una interesante película de una película imprescindible. No es un error fatal ni traumático, pero sí que da cierta lástima el comprobar cómo, con un poquito más de metraje y con una resolución de la trama menos liviana, se podría pasar de un notable a un sobresaliente.
[7,75]
La ficha de ReySombra:
Recomendada para: amantes de lo británico. Parejas romanticonas. Chicas que no ven Tele5. Padres de adolescentes para pepararse para lo que se les puede venir encima.
Lo mejor: el duelo entre Jenny (Carey Mulligan) y David (Peter Sarsgaard). Otra vez Carey Mulligan. El reparto. La ambientación detallada y la elegancia y sutileza de la dirección.
Lo peor: Un final acelerado, precipitado, que desmerece al resto de la película. Cierta contención formal. Que nos acaben saturando con la sobreexposición de una actriz que, ya sea por su caracterización o por su elegancia, recuerda a Audrey Tautou o, [cuidado] Audrey Hepburn.
El dato: En el momento del rodaje, Carey Mulligan, con 22 años, interpretaba a una chica de 16. De veras resultaba creíble, no como habitualmente.
Las preguntas: ¿A alguien más le ha recordado vagamente el personaje principal al de Katie Holmes (Joey) en Dawson crece? ¿Y David no tiene un aire a Ángel Martín?
Para saber más:
- ‘Qué te lleva a ser guionista’: los motivos de Nick Hornby para escribir este guión, por el que ha sido nominado a Mejor Guión Adaptado en los premios Oscar y BAFTA 2009, y el interesantísimo camino que hay detrás de esta película, contado en primera persona.
- Web oficial de la película, prácticamente un monográfico de los premios acaparados por Carey Mulligan.
- En Metacritic, esta película es la 3ª película en cartel mejor valorada, y ocupa el puesto 172 de todos los tiempos.
- Puedes escuchar a Juliette Greco en Spotify, al igual que Jenny, y quedarte absort@ pensando en París como ella (si quieres).


12 marzo, 2010at 13:46(#)
Bastante de acuerdo en bastantes cosas. La peli se ve muy bien, con mucho ritmo y tal, pero algunas situaciones y algunos personajes (su padre o la profesora, sobre todo) son bastante esquemáticos cuando podrían estar llenos de matices. Yo la dejaría en un Bien raspado, pero eso sí, comparto esa sensación de “¿y para esto tanto rollo?” que deja el final. Te compro el parecido razonable, pero me reconocerás que esta chica sabe poner alguno más de los 2 gestos de Katie Holmes (el de “cómo-sufro-porque-soy-guapa-y-lista” y el de “mira-qué-sonrisa-tan-tímida-y-adorable-tengo-porque-aún-estoy-por-desflorar”).
Ah, y “marisabidilla” hay que decirlo más.
16 marzo, 2010at 8:08(#)
Se agradece la coincidencia con lo de Katie Holmes, que era algo que me atormentaba. Y sí, esta chica le da bastantes vueltas a Katie, pero eso de que finja que Tom Cruise sea heterosexual…. ejem… ¿me he pasado?
Y sí. Desde aquí propongo recuperar “marisabidilla” para la próxima edición del diccionario de la RAE, del María Moliner, e, incluso, ponerle nombre a una revista “para mujeres”. Pero no sé si ponerlo así, o “Mari Sabidilla”…
18 marzo, 2010at 17:07(#)
Viva el post y viva la propuesta marisabidil. La película me encantó, me sentí muy identificada (aunque yo no tenía ese estilazo a los 18, ni esas piernas) aunque me jodió un poco mis fantasías románticas con hombres mayores.