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Lo mejor de la década: Cine internacional

21 febrero, 2010  |  Escrito por  |  Publicado en CINE  |  4 Comentarios  |   | 


Momento ahora para repasar lo que, a juicio de esta redacción, ha sido lo mejor de la década recién terminada en lo que a cine se refiere. Películas de aquí y allí, grandes y pequeñas, éxitos de taquilla y rotundos fracasos: lo que aquí nos importa es su calidad y/o su valor representativo. Siendo como ha sido una década heterogénea y teniendo como tenemos tantas películas por enumerar, os ahorraremos buscar tendencias y patrones cogidos con alfileres e iremos al grano. A continuación, la década de los ceros en 25 películas según ReySombra:

25. El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001)
Oscar a la mejor película de animación, Oso de Oro en Berlín, multitud de galardones de asociaciones de prensa especializada… El cine de animación (y el anime en particular), jugando en las grandes ligas. En este caso, donde se merece, porque Miyazaki firmó aquí su obra definitiva y todavía insuperada. Tan adulta y profunda por momentos como infantil e ingenua en otros: sencillamente una delicia.

24. Infiltrados (Martin Scorsese, 2006)
A menudo, cuando un artista vuelve años después a hacer lo que mejor sabía, el resultado suele ser decepcionante, carente de frescura, con aspecto de parodia o emulación de sí mismo. Scorsese se empeña en ser siempre la excepción y, pegando un puñetazo en la mesa, nos recuerda, por si se nos había olvidado, que es uno de los grandes de todos los tiempos. Que puede seguir haciendo una obra maestra cuando le salga de las narices. Y nosotros, encantados.

23. Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000)
Joven director debuta con película de ciencia-ficción rodada con pocos medios y mucho talento que asombra al mundo. ¿Nunca más se supo? Para nada: apenas dos años después firma su obra definitiva, un relato apasionante, arriesgado, preciosista, siempre al filo de lo excesivo. Nos reservamos nuestra opinión sobre sus siguientes trabajos, pero el díptico Pi-Requiem for a Dream nos hace subir al señor de Weisz al altar de los grandes creadores de los últimos años.

22. Mystic River (Clint Eastwood, 2003)
Creíamos que Clint ya estaba viejo. Que pasaría sus últimos años en activo filmando cosas pequeñitas e inofensivas para darles papelillos a sus compis de quinta y mantenerse ocupado. Qué equivocados estábamos. Nos entregó esta barbaridad, absolutamente magistral desde su inolvidable primera secuencia y entonces nos acordamos de que no podíamos vivir sin él. ¿Quién está mejor: Sean Penn, Tim Robbins o Kevin Bacon? Podríamos pasarnos horas discutiéndolo.

21. Wall-E (Andrew Stanton, 2008)
Sobre el papel, debería ser un proyecto suicida para un estudio de animación: larga, sin diálogos durante la mitad del metraje y de una densidad emocional e incluso filosófica aparentemente inasumible para los más pequeños. Pixar no sólo se atrevió y consiguió una película con mayúsculas, sino que de esos mimbres consiguió sacar un taquillazo. Sí, papá Disney está detrás para apoyarlos, pero hay que tener las narices de hacerlo. La verdad, nos quedamos sin calificativos.

20. Las Tortugas también vuelan (Bahman Ghobadi, 2004)
Un film kurdo sobre las penurias del día a día de unos niños mutilados por la guerra en la frontera entre Irán y Turquía. A priori, todos los elementos para huir despavorido, incluso para el más recalcitrante tertuliano de Garci. Y sin embargo es un prodigio de emoción, de contundencia, de cine. Es a la vez un puñetazo en el estómago y una puñalada en el corazón, una de esas películas que te dejan tocado durante mucho tiempo. A veces, incluso el Festival de San Sebastián acierta con sus premios.

19. Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, 2006)
Hay veneno en esta película. Hay una crítica feroz a esos obscenos concursos de belleza (en particular, los infantiles) que florecen ante la indiferencia general. Hay una apología del diferente, del que se sale del redil, en contraposición al agente inmobiliario que hace barbacoas los domingos con sus vecinos para mostrarles lo bonita que es su casa y lo blancos que son sus dientes. Y hay una relación divertida y bastante inédita entre una niña y su abuelo. Quizá a veces fallen las cantidades, pero los ingredientes, qué duda cabe, son excelentes.

18. Monstruos S.A. (Pete Docter, David Silverman, 2001)
Más Pixar, claro que sí. En este caso, otra maravilla en colores chillones que contenga probablemente los mayores hallazgos de ingenio y creatividad en animación que hayamos visto nunca, empezando por ese argumento tan sencillo como ocurrente, de ésos que parece increíble que no se le hubieran ocurrido nunca a nadie antes. Y un claro ejemplo de que el éxito de una peli de animación depende muchas veces en gran medida de la calidad de su doblaje.

17. Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004)
Sólo un año después de Mystic River, Clint El Grande volvió a deleitarnos con otra barbaridad de las suyas, una maravilla con aroma clásico de ésas de las que no sabes qué destacar primero. Como lo fácil es alabar ese excelente guión de Paul Haggis, vamos a destacar el trabajo de un señor llamado Tom Stern, porque una buena fotografía no tienen por qué ser grandes paisajes, sino también, por ejemplo, saber retratar la tristeza encontrando todas las gamas posibles de azules. Magnífica.

16. Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)
Algunos creemos que (y aquí viene la sentencia) el cine de este siglo comenzó realmente con American Beauty, que por apenas unas semanas no puede entrar en esta lista. Después de aquello, Mendes resolvió el dilema del segundo film cambiando totalmente de registro y emprendiendo una adaptación de cómic que no lo parece. Logró una película de una belleza insuperable, con una historia sólida y nos regaló la última aparición en pantalla de nada menos que Paul Newman. Camino a la perfección.

15. Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)
No hace ni quince días que la pusimos por las nubes, así que poco que añadir. Nos limitamos a reivindicar su puesto representativo dentro del cine de esta década, aunque sólo fuera como reverso inteligente del masivo coñazo vampiril que nos ha rodeado. Volvemos a comprobar que no hay temas demasiado sobados, sino que simplemente faltan nuevos enfoques que los revitalicen.

14. El pianista (Roman Polanski, 2002)
Algunos la tachan (vale, la tachamos, alguien tenía que escribir esto) de fría y académica, pero también sabemos reconocer su excelente factura y la enorme valía de algunas escenas que, cogidas separadamente, son pequeñas grandes obras de arte. A cambio tenemos que seguir aguantando todavía al nuevo rico Adrien Brody y su mayormente impresentable filmografía, que cada día nos caen peor. Pero en fin, en esta vida hay que hacer sacrificios de vez en cuando.

13. El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001-2003)
Si hay algo que echamos de menos en esta década son las películas de aventuras a la vieja usanza, con guerreros, damiselas, magos, criaturas mitológicas y batallas, muchas batallas. Y si hay alguien que intentó (y probablemente consiguió) hacer la gran peli de aventuras de toda una generación, ése ha sido Peter Jackson. Adaptar semejante novela no era un proyecto que pudiera asumir cualquiera, pero los resultados dejan claro que el esfuerzo valió la pena.

12. Goodbye, Lenin! (Wolfgang Becker, 2003)
Apelar a la lágrima (a la lágrima fácil, decimos algunos en esta redacción sintiéndolo mucho) suele funcionar y qué duda cabe de que esta película funcionó. Consiguió contactar con públicos muy diversos, logrando otro de esos escasos fenómenos del cine europeo, particularmente inauditos en el alemán, una industria que, salvando honrosas excepciones, lleva varias décadas dando palos de ciego.

11. No es país para viejos (Joel y Ethan Coen, 2007)
Antes hablábamos de escenas para el recuerdo. ¿Alguien ha podido ver este film y olvidar ésta? No vamos a descubrir a estas alturas a los hermanos Coen (que por fin parece que pueden firmar las pelis como lo que son: trabajos hechos totalmente a medias), sólo nos alegramos de que, cuando se dejan de modernas excentricidades, pueden ser sencillamente los mejores. Aquí alcanzaron cotas que no veíamos desde los tiempos de Muerte entre las flores o Fargo y eso, señores, son palabras mayores.

10. Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000)
Los que amamos la música tenemos un problema con Alta fidelidad: sabemos que no es una gran-gran película objetivamente, que quizá no aporte grandes cosas como tal al séptimo arte, pero no sabemos resistirnos a su maravillosa empatía, a su capacidad de hacernos saber exactamente de qué está hablando. Puede que las razones que nos lleven a ubicarla en este puesto estén más en el corazón que en la cabeza, pero seguro que sabréis perdonarnos esta licencia romántica. Si la habéis visto y os gusta la música, seguro que sí.

9. Lost In Translation (Sofia Coppola, 2003)
La gran historia de amor imposible de la década, así, con mayúsculas. Aquella pija enchufada que fastidió (aún más) El Padrino III confirmó las buenas maneras que apuntó en Las vírgenes suicidas escribiendo una preciosa historia sobre la soledad y las personas que habitan y se escudan en ella. Si hay que escoger un momento, nos quedamos con el paseo de Scarlett Johansson por Kyoto. O con ese magnífico final. O mejor, con todo, con absolutamente todo.

8. La cinta blanca (Michael Haneke, 2009)
Por los pelos se cuela en esta lista la última obra de Haneke, con esa poderosa fotografía en blanco y negro tan alabada por todo el mundo. Los premios se acumulan (y más que vendrán) para una cinta que arrasa allá por donde pasa. El autor de Funny Games no deja de intentar siempre el más difícil todavía. Esta página sugiere (no, exige) a quienes todavía no la han visto, que serán la mayoría, que por nada del mundo se la pierdan cuando llegue su estreno oficial. No se arrepentirán

7. La clase (Laurent Cantet, 2008)
Lo decíamos hace muy poco, cuando la elegíamos como una de las imprescindibles del 2009: lo más grande de Entre les murs es la sensación de veracidad (aparentemente sencilla pero infinitamente compleja de producir) que deja en el espectador, cómo éste es capaz de creerse que, aunque lo que ve no es exactamente cierto, podría serlo sin ningún problema. Y es que, en cierto modo, lo es. Se recomienda verla en compañía: da pie a mucho debate posterior.

6. Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)
No mantiene el ritmo de esos excelentes primeros 20 minutos y quizá le sobre algo de metraje hacia el final, pero es que Jeunet, como artista principalmente visual que es, sacrifica a veces estas cosas en favor de una parte estética irreprochable. Es, en todo caso, una película fresca, viva, eléctrica, de esos escasos fenómenos europeos de los que hablábamos antes. Tiene eso que, aunque no sepan explicar (o precisamente por eso), algunos llaman magia.

5. Memento (Christopher Nolan, 2000)
¿Tiene razón Stan Smith, el de American Dad, cuando dice que “no es tan buena la segunda vez”? Bah, qué más da, que levante la mano el que no flipó al ver esta película, al disfrutar de su argumento y al ser engañado una y otra vez por uno de los montajes más inteligentes que se recuerdan. La cuestión es que en su momento sacamos una foto mental con nuestra Polaroid interna en la que escribimos “Esta peli mola mucho”. Y así se ha quedado desde entonces.

4. Juno (Jason Reitman, 2007)
Tan irritante resultan a veces sus diálogos, en una búsqueda de la brillantez constante que llega a exasperar, como refrescantes algunos de los hallazgos de esta película, ligera y amarga a partes iguales. Cada década tiene sus comedias indies de referencia y, aunque esto no sea precisamente Clerks, creemos que tiene chispa suficiente para otorgarle ese título. Habrá que estar muy pendientes en el futuro de Ellen Page y de su capacidad para elegir sus próximos papeles.

3. Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009)
Y más Pixar. En este caso, una combinación maestra de las honduras existenciales de Wall-E o Cars con la despreocupada y disfrutable alegría de Monstruos S.A. o Toy Story. La experiencia del mejor estudio de animación del mundo se resume en la historia de Carl y Ellie, contada en los que para quien esto escribe son sin duda los cinco minutos más hermosos que ha dado el cine en estos diez años. Puro cine, con mayúsculas, sea de animación o no.

2. Match Point (Woody Allen, 2005)
El neoyorquino más neoyorquino del mundo se fue a Londres con dos objetivos. El primero, básico: la pasta, conseguir la financiación que se le negaba en su país y le ofreció la BBC. Y el segundo, de fondo: romper con esa creencia popular de que las películas “serias” de Allen no valen un pimiento. Scarlett salía más guapa que nunca y Allen logró, a sus 70 años, una de las películas más sólidas de su carrera, pasando con nota la asignatura de enfrentarse al género negro policíaco. Todos contentos.

1. ¡Olvídate de mí! (Michel Gondry, 2004)
No, seguimos sin reponernos de su título en castellano. Ni del hecho de que Jim Carrey protagonice nuestro número 1. Pero es que Eternal Sunshine of the Spotless Mind es muy buena, qué queréis que os digamos. Por su innovadora estética, por su acertado montaje, por su adecuadísima banda sonora, por su brillante argumento, retorcidamente romántico hasta el punto de que un happy end no es la opción fácil, sino la transgresora. Por razones como éstas en ReySombra la hemos votado mejor película de la década. Si no la has visto, corre. Y si lo has hecho, repite. Es una orden.

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Comentarios

  1. manderley dijo:

    21 febrero, 2010at 20:50(#)

    Buen trabajo!!! Me gusta pero……La clase de séptima….ya debatiremos de ellos en próximas entregas… jejeje

  2. Dr. Chou dijo:

    21 febrero, 2010at 22:30(#)

    non sei ao resto de lectores, e mesmo ao autor en si, pero a min sorpréndeme enormemente a ausencia dalgunha película de Von Trier… ben sei que é un director tan querido como odiado, pero considero a Dogville e, sobre todo, a Dancing in the dark como auténticas obras mestras…

  3. Poliptoton dijo:

    22 febrero, 2010at 9:12(#)

    Nada en contra de que algo de Von Trier hubiera entrado en la lista. Creo que es un fulano que, cuando no se pasa de rosca (véase: la última media hora de “Anticristo”), es muy importante y representativo dentro del cine de hoy. Eso sí, el concepto “Dogville” no da para una trilogía ni de coña: “Manderlay” se hacía repetitiva de narices y me parece que “Washington” la va a ver la tía Rita…

    ¿Entonces quitamos “Good Bye, Lenin!” y ponemos “Bailar en la oscuridad”? ;)

  4. ‘Nadie sabe nada de gatos persas’: excelentes intenciones, discretos resultados dijo:

    7 mayo, 2010at 10:19(#)

    [...] excepción fue la espectacular Las tortugas también vuelan (Bahman Ghobadi, 2004), número 20 en nuestra lista de mejores películas de la pasada década y, sin duda, una experiencia cinematográfica de las que no se [...]

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