Es imposible ver los primeros minutos de Up in the Air y no pensar en aquella maravillosa película que era El turista accidental (Lawrence Kasdan, 1988), film que, por cierto, nunca he alcanzado a comprender por qué no es mucho más popular de lo que es. Ambas nos presentan a dos protagonistas huraños, solitarios, inaccesibles, que se regodean en su propio aislamiento e incluso llegan a hacer de él su modo de vida, consiguiendo que hasta les pague las facturas. Ambos viajan solos, pasan gran parte de su vida en aeropuertos y celebran cada ocasión en la que no se sienta alguien junto a ellos en el avión. A diferencia de William Hurt, George Clooney no escribe guías de viajes, sino que se dedica a algo que le convierte todavía más en un voluntario apestado social: despide gente, y ello no le supone, al menos aparentemente, ningún problema para dormir por las noches. Pero como la lógica capitalista es implacable (y como además necesitamos conflicto para que haya película), siempre hay alguien que puede ir más allá y ahora una joven amenaza su forma de trabajar implantando en su empresa un sistema de despidos por teleconferencia.
Si analizamos tan sólo lo que realmente es, lo cierto es que Up in the Air resulta una película muy agradable de ver. Aunque los personajes son esencialmente antipáticos, sí nos interesa mínimamente lo que les pase; además, pese a una cierta acumulación de tópicos, todo se nos cuenta con un cierto estilo, con una cierta gracia y con unos diálogos que parecen bastante más trabajados que los del anterior trabajo de Jason Reitman, Juno (2007), donde muchos acabamos agotados de esos personajes tan incisivos, tan inteligentes y tan mordaces que decían cosas tan graciosas y certeras todo el puto rato. Y además, tenemos a Clooney, un tipo que cae generalmente bien y cuyo perfil se ajusta como un guante a una película de este estilo: clásica hasta la médula, por mucho que por momentos intente disimularlo. El señor de la Nespresso podrá entusiasmar más o menos como actor, pero es innegable que siempre consigue darle un toque de dignidad y distinción a todos los sitios donde aparece; además, la presencia se tiene o no se tiene y está claro que al muy cabrón la cámara le quiere mucho.
Cuando me descoloca esta película es en esos momentos (no demasiados, afortunadamente) en los que pretende ser más de lo que es, cuando aspira a convertirse en algo así como la gran película de las relaciones personales en estos tiempos de recesión global, en una reflexión profunda sobre no se sabe muy bien qué ni tampoco si a favor o en contra. Y no es eso lo que buscamos aquí. Porque Up in the Air es una película de sábado por la tarde, sofá y mantita (sobre todo mantita) para dejarse llevar y pensar lo justo sin que insulten a la inteligencia de uno. En resumen: para sentarse y disfrutar con tranquilidad. En ese sentido funciona como un reloj y no debería pretender ser lo que no es. Porque no siempre aspiramos a un vuelo en el que nos den comida gratis, nos ofrezcan el periódico y nos toque el asiento en la salida de emergencia para poder estirar las piernas: teniendo en cuenta lo que hay por ahí, en ocasiones, con que sea eficiente y razonablemente puntual, es justo lo que necesitamos.
Para saber más:
- Banda sonora en Spotify, aunque nos escatima la canción de Elliott Smith.
- Rainn Wilson, el insuperable Dwight de The Office, entrevista al director Jason Reitman.
- Ejemplo de lo baratita que está El turista accidental en tu tienda más cercana, por si no la has visto.
- Trailer oficial en inglés: