
Hoy me he propuesto escribir sobre lo que se denomina “cine de culto”. Al igual que ocurre con la denominación “cine independiente”, no es nada sencillo dar una que agrade a todos. Sin embargo, parece que hay unas notas comunes a todas ellas:
- Son películas de éxito sólo en determinados sectores del público.
- Contienen elementos poco frecuentes, surrealistas, extraños, insólitos, con personajes sacados a veces del museo de los horrores y argumentos complejos.
- Adquieren valor con el paso del tiempo: en sus estrenos suelen pasar desapercibidas y con el paso de los años es cuando van adquiriendo mayor éxito, dentro de esos determinados “nichos” de cinéfilos.
Sea cual sea la verdadera definición, en lo que sí parece que todo el mundo está de acuerdo es que el cineasta David Lynch puede ser calificado como “director de culto”. Hay que resaltar que Lynch no sólo es director sino también pintor, músico y fotógrafo y esas habilidades se notan en toda su filmografía. Además está muy influido por el dadaísmo y el surrealismo, confesándose admirador de figuras tales como Jacques Tati (Playtime, 1967), Ingmar Bergman (Fanny y Alexander, 1983) o Werner Herzog (Invencible, 2001).
En esta ocasión haré una reseña a la primera de sus películas que lo catapultó al éxito entre ese “determinado sector de público” y la más recomendable para el que quiera iniciarse en el mundo Lynch: Blue Velvet (Terciopelo Azul, 1986).
Recibió en Sitges, el premio a mejor película (1986). La historia comienza cuando Jeffrey, encuentra una oreja humana entre unos arbustos, llevándola posteriormente a la comisaría de policía. A partir de ahí comienza una sucesión de sucesos extraños, estrambóticos e inverosímiles. Todo ello enmarcado en un contexto de ciudad de apariencia perfecta y amable, que muestra la doble cara de la “sociedades del bienestar” en las que vivimos.
Es de las películas que son calificadas como obra maestra o pura bazofia. Creo que ya he comentado en otras ocasiones, que cuando esto sucede es que tiene toda la pinta de encontrarnos ante una obra de arte.
La película es diferente de eso no cabe duda, la recomiendo enérgicamente porque está todo perfectamente cuidado y diseñado, con grandes interpretaciones, posee un mensaje de crítica a la sociedad de las apariencias y hay episodios tan extraños e incomprensibles con cambios de humor repentinos de los personajes, que estoy segura que no va a dejar, para bien o para mal, indiferente a nadie.
Otras películas de este director que han alcanzado bastante fama y siguen la misma línea son Lost Highway (1997), Una historia verdadera (1999) y Mulholland Drive (2001), y que comentaremos en posteriores entregas.
29 noviembre, 2009at 0:49(#)
Y pensar que “Blade Runner”, peli de culto donde las haya, también pasó por esa etapa de pasar desapercibida en su estreno… ¡cómo ha cambiado el asunto!
Lo cierto es que de David Lynch me suena el nombre, pero nunca vi nada suyo. ¿Habrá que ponerse a ello, no?
21 abril, 2011at 9:42(#)
[...] por ser el creador de series de culto (Twin Peaks), por ser director de obras maestras del cine (Blue Velvet, Lost Highway, INLAND EMPIRE), por ser compositor de música (Ghost of Love), por ser fotógrafo [...]