De todos los hypes que nos ha vendido durante esta década la NME, parece que el único grupo de ellos que realmente tendrán una carrera larga y prolífica sean los ‘Monos Árticos’. Posiblemente, de los grupos de su generación, los Arctic Monkeys sean los mejores instrumentistas. Y los que cuenten con mejor olfato, actitud y acierto para reinventarse. Y los que tengan al mejor letrista. Y el frontman con más talento. Y todo esto, rehogado con gran éxito comercial.
Un éxito que no les ha afectado. Apenas 3 meses después de lanzar su primer disco (‘Whatever people say I am, that’s what I’m not’ obtuvo el Mercury Prize, y el Brit al Mejor Álbum), publicaron un EP: ‘Who the f*** are the Arctic Monkeys?’. Su segundo disco (‘Favourite worst nightmare’, nuevamente Brit Award a Mejor Album, y nominado al Mercury Prize) salió a la venta apenas un año después de su debut, y presentado por un single, ‘Brianstorm’ sin estribillo. Convertidos ya en banda de pabellones, su cantante, Alex Turner, se sacó de la manga junto con Miles Kane uno de –en mi opinión- los mejores discos de la década (‘The Age of the Understatement’) en su proyecto paralelo The Last Shadow Puppets (nominado otra vez al Mercury Prize). Y todo eso, sin perder pizca de credibilidad, e incluso rechazando actuaciones en el Top Of The Pops británico.
¿Y cómo reacciona Alex Turner, con sólo 23 años, a esta serie de abalanzas? Pues dando un golpe encima de la mesa. Sigue enrevesando su propuesta, y haciendo lo que nadie esperaba: tirar por un disco de rock oscuro, intenso y más cercano al stoner rock de QOTSA (produce Josh Homme), que al ‘Is this it?’ de los Strokes. Cuando te esperas un trallazo rock, planta unos medios tiempos que, desde su contención, van poco a poco atrapándote (Secret Door, Fire and the Thud, o la fantástica Cornerstone). Cuando crees que ya sabes lo que te puede esperar del tema, te sorprende con quiebros enérgicos, cambios de ritmos imprevisibles, aunque contenidos bajo una tensa atmósfera, bajos sinuosos o guitarras rabiosas (Pretty visitors, Dangerous Animals, Potion Approaching, o My Propeller).
Alex Turner ha cambiado su forma de cantar. Sus letras han dejado de lado la crítica social para crecer en las distancias cortas de las relaciones interpersonales, hasta casi sentirte claustrofóbico. Y todo eso a pesar de que su single de presentación, ‘Crying lightning’, quizá sea el peor de su carrera. Está claro que siguen viviendo ajenos a su alrededor. Y nos congratulamos. Eso les permite seguir creciendo, y así seguir llamando nuestra atención, sin aburguesarse en su (cómoda) posición. Cada nuevo disco es un paso, aunque no te esperes la dirección que ellos toman.
Puede que quizá ya haya pasado la fiebre ‘Arctic Monkeys’. Con este disco no perderán fans, y puede que se ganen a aquellos que siempre los habían visto como unos “niñatos mimados de la prensa británica”. Dadle la oportunidad a este disco. Puede que no os entre a la primera, pero os acabará enganchando. Como se suele decir en estos casos, es un “grower”, y lo corroboro. La primera escucha me dejó frío; la segunda, tibio. Pero cada vez me sienta mejor.
Puedes escucharlo en Spotify. 8.00
14 marzo, 2010at 12:26(#)
[...] que tenerles fe por narices. Después de un segundo largo algo flojo, esa fe se hizo mundana con su grandísimo Humbug, para el que firma, su mejor disco hasta la [...]
6 junio, 2011at 19:21(#)
[...] excesivamente la pena. Sin embargo, crítica y público castigaron todavía más su tercer largo, Humbug (Domino Records, 2009), a mi juicio, su mejor disco hasta la [...]