
Hace ya casi medio siglo que Jack Lemmon y Lee Remick, de la mano del mítico Blake Edwards, conmocionaron al mundo escupiéndole a la cara Días de vino y rosas, en un tiempo en el que el alcoholismo como enfermedad apenas tenía cabida, ya no en el cine, si no en la vida cotidiana. Lo cierto es que las cosas no han cambiado tanto, y a uno le resulta complicado recordar alguna obra (película o teatro) en el que esta enfermedad sea el hilo de la trama. De hecho, quizás sólo Días sin huella, que incluso precedió a ésta, se me venga a la mente.
Y ahora, 47 años después, para ser exactos, Tamzin Towsend recoge la adaptación para teatro de David Serrano, y la lleva de gira por España, escogiendo para interpretar a la infeliz pareja a Carmelo Gómez (Luis) y a Silvia Abascal (Sandra). A la vista del resultado, y aunque no resulta difícil darse cuenta de que esos actores son una apuesta segura, la elección no podría haber sido más acertada.
Aunque intentemos olvidar la mítica película, para no caer en comparaciones que jamás serían valorables al confrontar cine y teatro, lo cierto es que se hace difícil. Los personajes básicamente son los mismos, aunque en el ambiente actual, un relaciones públicas de exitoso currículum, y una joven independiente, emprendedora, sin miedos. El uno embauca a la otra a ese mundo alejado del que existía hasta entonces, un mundo en el que resulta complicado permanecer feliz alejado de los licores.
La transición, de ese mundo feliz del inicio, en el que tan sólo Luis peca de algún exceso ocasional, a ese otro en el que ambos son felices dentro de ese abandono mutuo, es simplemente brillante. Y lo es por la impecable interpretación de Gómez y Abascal. Al primero se le reconoce desde hace años, a la segunda, no. Y es que a la niña de Pepe y Pepa parece que no se le valora lo que merece. Debe ser porque el talento de la interpretación femenina en este país abunda… permítanme dudarlo.
Los silencios, los gritos, los llantos, todo estaba milimetradamente estudiado, incluso alguna concesión al humor negro… hasta que apareció la tonta del móvil, en el momento de máxima carga dramática de la obra, y dejó sonar el aparato hasta que tuvo el detalle de apagarlo. Os aseguro que cada vez me creo más eso que se comenta de que todos podemos matar si se dan las circunstancias precisas.
En resumen, si tenéis la oportunidad, porque os cuadre de visita, de acercaros a una ciudad en donde esté girando el evento, no dudéis en acercaros, porque el espectáculo merece la pena… incluso aunque alguien intente fastidiároslo.
5 octubre, 2009at 13:42(#)
A Silvia Abascal hay gente que sólo la reconoce por el anuncio de Pantene…
Y sí, hay que ver cómo es el nivel de la interpretación en este país para que Maribel Verdú ya tenga un Goya honorífico a su trayectoria…
20 enero, 2010at 21:37(#)
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